Aranjuez

Comenzó su pujanza como otro coto de caza de los primeros Austrias, principalmente Carlos I, siempre tan aficionados a ella. Incendiado el palacio varias veces, Fernando VI de Borbón lo reforma y lo amplia, así como también ornamenta sus jardines estableciendo la sede principal de su Corte, donde celebra grandes y fastuosos festejos en el río Tajo convirtiendo así a Aranjuez en el gran rival del propio Versalles en Francia. 

Artistas, pintores, cantantes y músicos de toda Europa acudían atraídos por su fama visual y musical.
Sus grandiosos jardines, las hernosas riberas de su río Tajo, las fuentes y ricos palacios lo convierten  junto a su gastronomía en uno de los más apreciados lugares para visitar y pasar una hermosa y sosegada jornada, donde los Reyes de España gustaban de disfrutar, sobre todo durante largas temporadas en primavera en lo que consideraban un oasis de frescor y abundancia en la seca meseta castellana..

 

 

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